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Guías sobre la Propagación del Coronavirus 2019 (COVID-19)

Para apoyar el trabajo de The Charles Simeon Trust, la Junta de Directores escribió, adaptó y se adhirió a una declaración de doctrinas fundamentales. Mientras que la Escritura permanece siendo nuestra única autoridad, esta declaración doctrinal sirve como una articulación conciza de las creencias de la Junta de Directores. Como tal, requerimos que todo el personal, los instructuros y los líderes de grupo también asientan a esta declaración. También puede verse en el Artículo II sobre nuestros Artículos de Incorporación (i.e. NFP Estatutos).

La Declaración Doctrinal de la Corporación dice así:

1. Afirmamos que el Evangelio encargado a la Iglesia es, en primera instancia, el Evangelio de Dios (Marcos 1:14, Romanos 1:1). Dios es su autor y Él nos lo revela en Su palabra. Su autoridad y legado descansan en Él solamente.

Negamos que la verdad o autoridad del Evangelio se deriva de cualquier idea o invención humana (Gal. 1:1-11). También negamos que la verdad o autoridad del Evangelio descanse sobre la autoridad de cualquier iglesia particular o institución humana.

2. Afirmamos que el Evangelio es el poder de salvación de Dios, ya que el Evangelio efectúa salvación a cualquiera que cree, sin distinción (Romanos 1:16). Esta eficacia del Evangelio es por el poder de Dios mismo.

Negamos que el poder del Evangelio descance en la elocuencia del predicador, la técnica del evangelista o la persuación racional del argumento (1Corintios 1:21, 2:1-5).

3. Afirmamos que todos los hombres y las mujeres son creados a la imagen de Dios, conforme a Su semejanza y juntos ejercen dominio sobre toda la creación. Igualmente afirmamos que el evangelio diagnostica la condición universal del ser humano, después de la Caída, como una condición de rebeldía pecaminosa en contra de Dios, la cual si no cambia, va a llevar a cada persona a la perdición eterna bajo la condenación de Dios (Gen. 1:26-28, Rom. 3:9-26).

Negamos cualquier rechazo de la creación del hombre y la mujer a la imagen de Dios, o subsecuentemente, la caída de la naturaleza humana. También negamos que con respecto a la justificación por fe de esa caída, haya cualquier distinción entre etnias, estatus social o género (Rom. 5:18-21, Gal. 3:23-28).

4. Afirmamos que Jesucristo es el único camino de salvación, el único mediador entre Dios y la humanidad (Juan 14:6, 1Tim. 2:5).

Negamos que cualquier persona es salva por otro medio que no sea por Jesucristo y Su evangelio. La Biblia no ofrece esperanza de salvación a los adoradores sinceros de otras religiones sin una fe personal en Jesucristo.

5. Afirmamos que la Iglesia ha sido encomendada por Dios y está por lo tanto bajo la obligación divina de predicar el Evangelio a toda persona viviente (Lucas 24:47; Mateo 28:18-19).

Negamos que algún grupo de personas o clase particular, sin importar etnia o identidad cultural, pueda ser ignorado o pasado por alto en cuanto a la predicación del Evangelio (1Cor. 9:19-22). Dios se ha propuesto una Iglesia global constituida por personas de toda tribu, lengua y nación (Apoc. 7:9).

6. Afirmamos que la fe en Jesucristo como la divina Palabra (o el Logos, Juan 1:1), la segunda Persona de la Trinidad, co-eterno y co-esencial con el Padre y el Espíritu Santo (Heb. 1:3), es fundamental para la fe en el evangelio.

Negamos que cualquier perspectiva de Jesucristo que reduzca o rechace Su completa deidad, sea fe en el Evangelio o que conduzca a la salvación.

7. Afirmamos que Jesucristo es Dios encarnado (Juan 1:14). El descendiente de David nacido de una virgen (Rom. 1:3), tenía una naturaleza verdaderamente humana, estuvo sujeto a la Ley de Dios (Gal. 4:5), y era como nosotros en todo sentido, pero sin pecado (Heb. 2:17, 7:26-28). Afirmamos que la fe en la verdadera humanidad de Cristo es esencial para la fe en el Evangelio.

Negamos cualquiera que rechace la humanidad de Cristo, Su encarnación o Su impecabilidad, o que sostenga que estas verdades no son esenciales al Evangelio, sea salvo (1Juan 4:2-3).

8. Afirmamos que la expiación de Cristo por la cual, en Su obediencia, ofreció un sacrificio pefecto, propiciando al Padre al pagar por nuestros pecados y satisfaciendo la justicia divina en nuestro lugar de acuerdo al eterno plan de Dios, es un elemento esencial del Evangelio.

Negamos cualquier perspectiva de la expiación que rechace la satisfacción sustitutiva de la justicia divina, lograda vicariamente para los creyentes sea compatible con la enseñanza del Evangelio.

9. Afirmamos que la obra salvífica de Cristo incluyó tanto Su vida como Su muerte en nuestro lugar (Gal. 3:13). Declaramos que la fe en la perfecta obediencia de Cristo por la cual Él cumplió toda la demanda de la Ley de Dios en nuestro lugar es esencial para el Evangelio.

Negamos que nuestra salvación fue lograda meramente o exclusivamente por la muerte de Cristo sin referencia a Su vida de justicia perfecta.

10. Afirmamos que la resurrección corporal de Cristo de entre los muertes es esencial para el Evangelio bíblico (1Cori. 15:14).

Negamos la validez de cualquier llamado evangelio que niegue la realidad histórica de la resurrección corporal de Cristo.

11. Afirmamos que la doctrina bíblica de la justificación por fe solamente, en Cristo solamente, es esencial para el Evangelio (Rom 3:28 y 4:5, Gal 2:16).

Negamos cualquier persona que pueda creer en el Evangelio bíblico y al mismo tiempo rechace la enseñanza apostólica de la justficación por fe solamente, en Cristo solamente. También negamos que haya más de un verdadero Evangelio (Gal. 1:6-9).

12. Afirmamos que la doctrina de la imputación tanto de nuestros pecados a Cristo como de Su justicia a nosotros, por la cual nuestros pecados son completamente perdonados y nosotros somos completamente aceptados, es esencial para el Evangelio bíblico (2Cor. 5:19-21).

Negamos que somos justificados por la justicia de Cristo infundida a nosotros o por cualquier justicia que se piense que es inherente a nosotros.

13. Afirmamos que la justicia de Cristo por la cual somos justificados, es propiamente Suya, que Él lo logró sin nosotros, en y por Su perfecta obediencia. Esta justicia es contada, reconocida o imputada a nosotros por la declaración legal de Dios, como el único fundamento de nuestra justificación.

Negamos que cualquier obra que nosotros hagamos en cualquier estado de nuestra existencia añada al mérito de Cristo o compre para nosotros cualquier mérito que contribuya en cualquier forma al fundamento de nuestra justificación (Gal. 2:16, Ef. 2:8-9, Tito 3:5).

14. Afirmamos que aunque todos los creyentes tienen la presencia del Espíritu Santo morando en ellos y están en el proceso de ser hechos santos y conformados a la imagen de Cristo, esas consecuencias de la justificación no son su fundamento. Dios nos declara justos, redime nuestros pecados y nos adopta como sus hijos, por Su gracia solamente, y por medio de la fe solamente, por causa de Cristo solamente, mientras aún somos pecadores (Rom. 4:5)

Negamos que los creyentes deban ser inherentemente justos por virtud de su cooperación con la gracia transformadora de Dios para ser declarados justificados en Cristo. Somos justificados mientras aún somos pecadores.

15. Afirmamos que la fe salvífica resulta en santificación, la transformación de la vida a conformidad creciente de Cristo a través del poder del Espíritu Santo. Santificación signfica continuo arrepentimiento, una vida de alejarse del pecado para servir a Jesucristo en dependencia agradecida a Él como Señor y Amo (Gal. 5:22-25, Rom.8:4, 13-14).

Rechazamos cualquier perspectiva de la justificación que la divorcie de la santificación como producto de la unión con Cristo y de nuestra conformidad creciente a Su imagen a través de la oración, el arrepentimiento, el llevar la cruz y la vida en el Espíritu.

16. Afirmamos que la fe salvífica incluye una aceptación mental del contenido del Evangelio, reconocimiento de nuestro propio pecado y necesidad, confianza personal y dependencia de Cristo y Su obra.

Negamos que la fe salvífica incluye solamente aceptación mental del Evangelio, y que la justificación sea asegurada por una mera profesión de fe. Además negamos que haya cualquier elemento en la fe salvífica que sea una obra meritoria o que logre la salvación para nosotros.

17. Afirmamos que aunque una doctrina verdadera es vital para la salud espiritual y bienestar, no somos salvos por la doctrina. La doctrina es necesaria para informarnos de cómo podemos ser salvos por Cristo, pero es Cristo quien salva.

Negamos que las doctrinas del Evangelio puedan ser rechazadas sin consecuencia. Negar el Evangelio trae ruina espiritual y nos expone al juicio de Dios.

18. Afirmamos que Jesucristo manda a Sus seguidores a proclamar el Evangelio a todas las personas vivientes, evangelizando a todo el mundo en todas partes, y discipulando creyentes dentro de la comunión de la Iglesia. Un testimonio fiel y completo de Cristo incluye el testimonio personal, una vida piadosa y actos de misericordia y caridad al prójimo, sin lo cual la predicación del evangelio se ve infértil.

Negamos que el testimonio personal, una vida piadosa y actos de misericordia y caridad al prójimo constituyan evangelismo sin la predicación del Evangelio.

19. Afirmamos que todo hombre y mujer cristiano debe estar involucrado en entrenamiento para el ministerio. También afirmamos que algunos hombres y algunas mujeres han sido dotados para enseñar y liderar diferentes ministerios de la Palabra para el beneficio de la Iglesia (Ef. 4:11-13, 2Tim. 2:2, Tito 2:3-5).

Negamos que la mujer deba estar involucrada en labores específicas de enseñanza y predicación de la Palabra a hombres en una congregación de la Iglesia o ejerciendo autoridad pastoral sobre hombres en la Iglesia (1Tim. 2:12-15, 1Cor. 14:34b-38).

20. Afirmamos que Adán y Eva fueron creados para complementarse mutuamente en una unión matrimonial de una sola carne que establece el patrón propuesto por Dios para las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer. Por lo cual, tanto actos homosexuales como de adulterio son pecaminososo (1Cor. 6:9-11)

Negamos que los actos homosexuales o adúlteros no arrepentidos no tengan consecuencia en el ministerio público y privado. Al contrario, esos actos constituyen un fundamento para ser descalificado del ministerio.